domingo, 30 de octubre de 2011

SILVIA GUIARD (BUENOS AIRES, 1957)



1.     qué objetos te acompañaron toda tu vida?

No pocos objetos migraron desde la casa de mis padres a la mía. Entre los más simples y cotidianos: el banquito de cocina en el que apoyo la pava para el mate mientras escribo. Entre los más personales: una buena parte de la colección de Fabulandia que leía con pasión tirada panza abajo en mi cama. Varios cuadernos Gloria en los que escribí desde los 11 años.

2.     sentís presencias, voces, músicas del trasmundo?

 Hay otros mundos, pero están en este”, dijo alguna vez Paul Eluard.
El trasmundo es para mí lo hundido, oculto u olvidado de este mismo mundo. Y sí, percibo su música y sus voces. Si no lo hiciera, ¿cómo escribiría?

3. qué pensás de la rosa, los anillos, el mar y los tatuajes?
       
 El mar es demasiado y resuena infinitamente. Retorna siempre y su encanto no se gasta.
      Los anillos son objetos de magia, y aunque en mis manos casi no los uso, me gusta uno que me pongo a veces,  y su piedra se parece al  mar.
      Tatuajes, no tengo. Solo cicatrices.  La rosa es una caricia, no necesita ser pensada.     
   
4. ¿Cuál es tu superstición?
   
 Quizás, buscar señales en los sueños.

5.     en qué parte del cuerpo, el aire o el paisaje sentís la poesía?
    
 La parte del cuerpo que identifico específicamente con la poesía es la    lengua. A veces, el deseo o el entusiasmo de escribir lo siento en las palmas de las manos o en las puntas de los dedos. Otras veces la poesía vive en los ojos, en especial, en el tercero. Pero también en el cuerpo entero, bailando alrededor del fuego.
     En el paisaje…la lista sería infinita. Solo nombraré aquí: la lluvia.
  
6. escribís mientras escribís o antes o después?
    
No escribo siempre. Pero ciertamente no escribo solo cuando “me siento a escribir”. Puedo “escribir”  mentalmente cuando voy caminando por la calle y, sobre todo, en la cama, antes de dormirme o al despertar.

7.     qué autores no releerías?

 Supongo que a Benedetti, por ejemplo.

8.     de los poetas que conociste cuál, cuales te parecieron que unían su
vida a sus palabras?

 ¿Y esta pregunta qué quiere decir…?  En rigor, un poeta que uniera su vida a sus palabras debería ser un mago capaz de dominar el arte de la ubicuidad, el vuelo, las transmigraciones y la metamorfosis, entre tantas otras cosas que las palabras del poema hacen.
   Descartada esa posibilidad, entiendo que la idea de  “unir su vida a sus palabras” describiría, como primera condición, una autenticidad y honestidad esenciales. Una escritura surgida de una necesidad interior ineludible, que imprime a las palabras pronunciadas el peso de una verdad humana.
   Pero si las palabras que se escriben responden a cualquier otra cosa que no sea esa  esencial honestidad, el que habla, ¿por qué sería un poeta?
  Yo reconozco esa autenticidad, esa verdad humana, en todos los poetas cercanos o lejanos cuyas palabras amo, así como en aquellos que son o han sido mis amigos y con quienes compartí proyectos. Si hay que dar nombres, doy aquí uno: Carmen Bruna.

9. qué, quién, quiénes escribe en vos?
  
 Se sabe hace tiempo que “yo es otro” a orillas del poema. Pero ¿qué hay en ese “otro” (en esa  otra)? ¿Es posible saberlo, expresarlo? Solo en parte, supongo. Si pudiéramos explicarlo por completo no sería, justamente, “otro”: eso desconocido en mí.
Aquella (aquello) que actúa y siente en mí cuando me duermo: la (o lo) soñante que murmura en mí.
La niña que fui, seguramente. Es decir, la que soy.
Pero también, a veces, la voz de alguien más alto y más antiguo. Una sombra removiendo calderos.
Y, desde luego, las palabras, que también son “voces” agitándose en mí y fuera de mí.

10. vuelven algunas palabras, algunos temas o algunos climas?
       
Sí, claro. Como vuelven los sueños, las canciones, los recuerdos (y  por qué no decirlo: las obsesiones y las pesadillas).

11. en tu vida, la poesía como propósito, destino o circunstancia?
    
 La poesía como respiración. O mejor: como fotosíntesis. Crea energía, alimento, materia.

12. qué quisieras leer mañana, que quisieras releer para siempre?

Mañana podría leer a Paul Celan.
Hay muchos autores que releí muchas veces y sin duda volveré a leer. La lista es larga, de Bustos a Breton, de Péret a Pizarnik, de Poe al Popol Vuh, de Lowry a Lautréamont, de Cortázar a Dylan Thomas, de Arlt a  Artaud, a Asturias, a Vallejo, a Schwob, a Rimbaud, a Novalis… y a tantos más aun.
Pero, “para siempre” suena tan definitivo… Para siempre,  la forma de las nubes.

13. qué pensás del romanticismo alemán?
  
Vengo de allí. Su noche vive. Es una esponja fresca.

14. el silencio, la soledad, la transparencia, el orden, adentro, afuera, a veces, nunca ?

El silencio –ese silencio natural que gotean las noches, los cerros y los bosques- es un inmenso poema que las cosas nos dicen. Hay palabras en él, así como las buenas palabras están cargadas de silencio. En un verdadero poema,  las palabras contienen, crean o invocan un silencio. El silencio resuena como un gran caracol: en el fondo hay un mar.
La soledad es nuestro límite o nuestra forma esencial. Una buena soledad también resuena y está llena de voces. Cuando asciendo mansamente hacia una soledad así, al escribir bailo en y con ella, en tanto las palabras bailan en y con su silencio.
Pero hay también (o antes) un silencio (o una capa de silencio) malherido, hecho de muñones, imposibilidades y angustias, como hay una soledad dolida hecha de desgarrones, exclusión, ausencia. Entonces se escribe lanza en ristre para perforar ese silencio, para atravesar o conjurar la soledad y transformarla. Son distintas formas o distintos momentos de la escritura, que es a la vez lucha, metamorfosis, danza y celebración.
Las palabras comienzan desde adentro. Sin embargo nos llegan desde afuera. ¿Se habla desde un adentro, condicionado por un afuera, percibido por un adentro, limitado por un afuera, proyectado por un adentro…? ¿Y así sucesiva, indefinidamente…? Se sabe (léase a Breton), que en el poema, adentro y afuera, como arriba y abajo, sujeto y objeto, sueño y vigilia, quieren dejar de ser polos opuestos para alcanzar un punto superior que los abarque, los supere y los transforme.

15. qué fue lo imposible?
  
Demasiado. En lo personal y en  lo social.
   Prefiero más bien recordar qué fue posible.
   En lo personal: volver a amar y a reír después de grandes sombras.   Mantener encendidos ciertos fuegos. No venderle el alma al dios mercado. Respirar.
   En lo social: derrotar las leyes de la impunidad y comenzar, al menos, a condenar genocidas.

16. la poesía es un arma cargada de futuro, pasado, eternidad?
      
La poesía es un estallido de presente. Un presente en el que pasado y futuro se confunden. Es más concreto y vivo que la eternidad. Y contiene un principio de infinito.

17. la poesía es literatura?

No. Son dimensiones diferentes. Por empezar, la poesía no es solo ni siempre una cuestión de letras o palabras.
Por otra parte: se puede ser profesor de literatura, porque  la misma es un objeto de estudio con su historia y sus leyes propias que es posible enseñar (incluso, como pasa muchas veces, sin tener la más mínima sensibilidad poética). Pero no se puede ser profesor de poesía, porque esta es una experiencia a vivir. Una aventura no solo del decir, sino también del ser, hacia la cual podemos ser invitados, incitados, provocados, iniciados, pero que nadie puede enseñar. Cada cual hace en esto su camino propio, aun cuando marche acompañado y compartiendo el juego.

17.qué lugar ocupa la poesía argentina en Latinoamérica y en la lengua castellana?

No es un tema importante para mí.

18. cuáles poetas argentinos te parece que deberían estar y no están?
    
 ¿Estar dónde? ¿En lo que llaman “canon”? No me interesa en absoluto.
 ¿Publicado? Pablo Baldomá. ¿En las librerías, en los estantes y las bibliotecas? Carmen Bruna.

19.  alguien te llevó o fuiste solo a esa palabra oscura?
  
Siempre hay otros que nos dan la palabra. Otros que hablaron antes, nos cantaron sus pequeñas canciones o sus grandes historias, nos abrieron las páginas de un libro, grabaron sus manos en la piedra. Otros, cercanos y tangibles o lejanos, vertiginosos, inimaginables, nos mostraron los puentes.
Pero la palabra hay que tomarla, y no todos lo hacen. ¿Cómo saber por qué, un día, sentada en la ronda de los que escuchaban, yo me aparté hacia mi adentro y con mi propio aliento, hablé? ¿Por qué ese impulso, por qué ese salto interior que me llevó a decir? ¿De qué estuvo hecho ese deseo de crearme en secreto, con mis labios, con mi  propia saliva, un lugar en medio del lenguaje? ¿Por qué una tarde, cuando descubrí, entre los árboles y el cerro, al fondo de una calle mendocina, el temblor del lucero, me pareció necesario, imprescindible, sin que me oyera nadie, cantarle una canción inventada por mí? ¿Por qué no olvido esa lejana, íntima, ceremonia infantil?
Pero en realidad, ¿qué tiene de extraordinario?  ¿No habría más bien que preguntarse lo contrario? ¿Por qué tantos otros, que seguramente en su infancia compusieron canciones para una estrella o una gota de lluvia, perdieron después la necesidad o la capacidad de hacerlo? ¿Por qué olvidaron, por qué les hicieron olvidar, que la palabra siempre está allí, siempre debería estar allí, al alcance de todos? Sin duda, así como son los otros quienes que nos dan la primera palabra, existen también aquellos demasiado interesados en quitárnosla, en mentir, en deshacer los puentes, en robarse las miguitas que en el centro del bosque llevan a cada cual hacia su propia voz.
Si, como bien dijo Lautréamont, “la poesía debe ser hecha por todos”, la gran pregunta debería ser: ¿cuándo iremos todos, libremente, a la gran fiesta de la palabra oscura,  luminosa, repartida, vertiginosa, múltiple, íntima, lejana, ceremonial, alegre, común, extraordinaria…?
  
 21. fuera de la poesía que campo del arte te interesa?
  
La pintura, el cine, la música, la fotografía, ciertas formas de danza, la escultura…  Pero también, todas aquellas expresiones y actividades humanas que no entran en lo que convencionalmente se llama “arte”, pero en las que lo poético está esencialmente en juego. Por ejemplo, los mitos, el folclore, las fiestas populares, el arte llamado primitivo, el folclore y la expresión infantiles, el sueño, los viajes, las derivas, los juegos, el azar, los gestos del amor, los grafittis,  las rebeliones colectivas, etc.

22. la poesía es una tarea del espíritu o una emanación de la historia ¿hay espíritu, hay historia?

La poesía no es una tarea (en el sentido de una obligación o de un   trabajo). La poesía no es una emanación. La poesía es un acto, y no cualquiera, sino un acto de magia. Una operación mágica del espíritu deseante. El cual desde luego existe, y en la historia. Viviendo y creando en ella. O contra ella, en las condiciones actuales.
La poesía es a veces un desborde amoroso, un reclamo amoroso, un gemido amoroso.
Otras veces, es lucha, rebelión, combate. Guerra del espíritu contra la muerte, contra la aridez y la falta de sentido.
Otras veces es celebración, danza extática de la palabra en libertad.
Siempre es una alquimia del verbo: transforma el plomo en oro.

23. cuál es la mayor dificultad en la relación existencia-poesía?

 No concibo poesía fuera de la existencia,  pero las condiciones actuales de existencia son esencialmente  antipoéticas. Ese es el conflicto.
Lo padecemos, entre otras cosas, en el excesivo tiempo – o las angustias- que nos requieren las tareas de la supervivencia, así como en el asedio constante a nuestra imaginación y nuestro deseo. Etcétera. Etcétera.

24.  quisieras responder otras preguntas, quisieras hacer otras preguntas?
    
¿No hice ya bastantes, amigo Schmidt, mientras respondía las tuyas? Por cierto, gracias por el provocante  cuestionario. Fue un placer.

                                              
Publicó :

 
Salomé o la búsqueda del cuerpo (Buenos Aires, Signo Ascendente, 1982); Los banquetes errantes (Buenos Aires, Signo Ascendente, 1985);
Quebrada (Buenos Aires, Tsé-Tsé, 1998); En el reino blanco (Buenos Aires, Tsé-Tsé, 2006); Relampaguea (Santiago de Chile, Cuadro de tiza, 2010).
Para niños:
Lombrices (Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1997); Cantos de dinosaurios (Buenos Aires, Amauta, 2011).

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