domingo, 18 de diciembre de 2011

MARIO TRECEK (RÍO TERCERO,PROVINCIA DE CÓRDOBA,1956)


¿Qué objetos te acompañaron toda tu vida?
Doña Tita, mi abuela, era un poco “Bárbara”, analfabeta y muy desconfiada. Murió con la convicción de que NO habíamos llegado a la luna. Ella, que había “criado” a dos Lunas, al Juan y La Bicha, mandaderos en el campo de mi infancia. Ella me decía en Los Macalangos al norte de Río Tercero: ¿Tiene objeto leer tanto? Objetaba mi pasión por los libros. Tamaña paradoja, un objeto sin objetivos. Un Aleph conteniendo lo existente y lo intangible. 
.     ¿Sentís presencias, voces, músicas del trasmundo?
El único tras-mundo lo creamos con el arte, es de terror pensar  que  nos ven como  mutantes de no sé qué especie, o zombis regresando para finalmente ser escuchados.
Deseo voces multiplicadas en la poesía, porque el unísono, es la muerte. 
    ¿Qué pensás de la rosa, los anillos, el mar y los tatuajes?
Que el Sr. de los Anillos es más prometedor que el de casamiento, la rosa con espinas y perfume, es menos púrpura que la del Cairo, y más agresiva que la galvanizada de Roberto Arlt, y no acepto lo perpetuo. Sí, ser el mar, que no presta su piel para tatuajes definitivos, solo mensajes encriptados en botellas. 
¿Cuál es tu superstición?
Que un vehículo de un solo faro encendido me llene los bolsillos, me calme la impaciencia, y finalmente me regale una tarde de domingo leyendo y escuchando música, sin pensar en la cuenta corriente bancaria del lunes. La cábala es rogar que se cumpla, eso sí, decirlo en voz alta tres veces, mientras pasa el auto. Que se cumpla, que se cumpla, que se cumpla.
   ¿En qué parte del cuerpo, el aire o el paisaje sentís la poesía?
En el ombligo, es decir muy por debajo de mis expectativas, debajo del corazón y del cerebro, y algo más cercano al sexo. El ombligo, cerca del onanismo, y muy centrado en el amor propio. Debiera ser menos visceral, más espiritual y poético.
 ¿Escribís mientras escribís o antes o después?
Si contesto ahora, sería literatura de anticipación, y si lo escribo no hay razón de contestar porque como un contestador telefónico, daría hasta el hartazgo la misma contestación: Deje su mensaje, estoy escribiendo.  
¿Qué autores no releerías?
A John Berger, porque releerlo, sería aceptar la inutilidad de esta patraña de que mi vida no se parece en nada a cierta literatura, que vender puertas, ventanas, y vidrios no es lo mismo que abrir en los Alpes Suizos mil posibilidades, sencillas, a esta “Puerca vida”. Pero no puedo evitarlo, lo releo porque es recuperar la esperanza de un buen texto, de una coherente vida.
 ¿De los poetas que conociste cuál, cuales te parecieron que unían su vida a sus palabras?
A Pola Furlani, porque era pobre, no humilde, sus versos humillaban, y su soberbia poesía podía con los poetastros. Y a Lía Villafañe, porque su prosa poética es tan cariñosa como su fiel amistad. A Osvaldo Pol, porque siempre es Jesuita, aún en sus versos, y cuando los dice, es casi una letanía como cuando se lo escucha a Mujica. A Silvio Mattoni que es literatura las 24hs, que no podría ser otra cosa, erudición y  poesía. O Carlos Gazzera, ambos compañeros de la Carrera de Lenguas, que como un oso polar, habita las bibliotecas del Sur, con una mirada al sur, y una meridiana tarea, promover pensamiento crítico. Y como la lista es finita, porque conocer un poeta, no es solo leerlo, Alejandro Schmidt, que paradojalmente comparto el Schmit, de mi bisabuela paterna, aunque me condena el Checo, y la tez morena del Sirio, digo que es de los pocos del interior, que ha sido consecuente y coherente pateando el tablero, desestabilizando lo previsible, y desde Villa María, integrando, promoviendo, enojando, pero nunca inadvertido, con mucho talento y algo menos de talante. Pero en literatura esto poco cuenta.  
 ¿Qué, quién, quiénes escribe en vos?
¿Quién? Un manipulador, un demiurgo dictándome palabras de un  marxista residual, de un romántico empedernido, un tonto de opereta. Esperanza, solidaridad, paz, amor, amistad, inclusión y una en especial, que no es mística sino preformativa: creer. Pero nunca soy feliz totalmente al escribir lo que otros esperan de mí, por eso la humorada, el payaso permanente, para desdramatizar mi existencia como a la literatura.
¿Vuelven algunas palabras, algunos temas o algunos climas?
Sí. El aire, el vidrio, el agua, diversos modos de transparencia y/o turbulencias. Porque como producto de ciertas implosiones, quedé fractalmente hecho pelotas, trizas. Versos sueltos, inconexos, un balbuceo, en medio de un clima enrarecido de dolor y de placer, o el placer del dolor, cuando finalmente uno se revuelca en el barro de la angustia.  
 ¿En tu vida, la poesía como propósito, destino o circunstancia?
Ya lo decía Ortega y Gasset, es el hombre y su circunstancia. Como no as-cribo al ismo de ningún fatal destino, la poesía es en mí un propósito, porque te interpela, acaricia, desde un oficio propositivo, aunque a veces se le va la mano, te da a cambio de caricias un “Cross a la mandíbula” como metáfora contundente. 
 ¿Qué quisieras leer mañana, que quisieras releer para siempre?
Leer El Quijote de la Mancha, puro juego de géneros, generoso en lo humorístico, precursor de las teorías literarias posmodernas, de las de la Escuela Frankfurt, etc. y de lo que se te ocurra. El pastiche, el fragmento, la discontinuidad, la tristeza al final, la triste figura, y el regreso.  
 ¿Qué pensás del romanticismo alemán?
De la mesa de saldos, alguna vez cuando muy joven compré el libro de Schiller, Poesía ingenua y poesía sentimental, fue un libro de cabecera, digo, porque me lo quería meter en la cabeza, para después escribir a lo Neruda. Sin embargo pasado del tiempo, gracias a la Universidad, me encontré con Heidegger, y haciendo abstracción de lo ideológico, me hizo llegar a Hörderlin y  por ende a Heráclito, y yo que vivo a la vera del Río Tercero, le dí sentido a tantas zambullidas, y cuando leía tirado en el pasto del balneario años después, intuía que ya no era el mismo, no porque el río Ctalamuchita está contaminado, sino porque el “logos” me había inficionado definitivamente, y aquel criterio de Hölderlin: “Mucho hay de monstruoso. Pero nada tan monstruoso como el hombre.” Haría de mi poesía mucho menos nerudiana, para volverse más prudente, menos ingenua, y algo más sentimental. 
 ¿El silencio, la soledad, la transparencia, el orden, adentro, afuera, a veces, nunca?
Nunca puedo estar solo, y disfruto de la soledad. Pero como todo amor, me es esquivo. Merecer un tiempo para escuchar a Jorge Drexler, o Pedro Aznar, o Adrián Iaies a Rosana, es imposible, siempre a cuenta gotas, siempre la urgencia, lo interruptus. Siempre estará más ordenada mi biblioteca, o mi discoteca, que mis sentimientos.
 ¿Qué fue lo imposible?
Más que el amor correspondido, el mutuo amor, ese “que te hace escribir en los troncos de los árboles, que te permite escribir en los vidrios, te amo, después de empañarlos, comerte las uñas, y bancarte la cargada de los vagos”. La literatura permite lo imposible cuando uno es cobarde, amar con desenfreno sin consecuencias espirituales, matar a alguien sin consecuencias judiciales, engañar sutilmente, engañarse, y sus consecuencias solo te hacen acumular penas, pesares, pero no penales. La poesía es la forma más honesta, y mentirosa de decir la verdad. 
 ¿La poesía es un arma cargada de futuro, pasado, eternidad?
La poesía nunca puede ser un arma, porque si lo fuera provocaría fatales y necesarias balaceras contra quienes la practicamos. La historia registra genocidios. Mariano Saravia ha hecho lo suyo con los latinoamericanos, y luego se reportan algunos suicidios innecesarios como los de Barón Biza u Horacio Quiroga. Claro que nunca debieron haberse consumado, allí el arma homicida se equivocó de destinatario. 
¿La poesía es literatura?
De todos los géneros la poesía es una perra en celo. La literatura orina marcando territorios, olisquea en traseros ajenos, y ella, como  chiguaga bien atendida, a los saltitos, moviendo el esqueleto, se pasea por los pasillos de la Academia.
¿Qué lugar ocupa la poesía argentina en Latinoamérica y en la lengua castellana?
No me atrevo a semejante apreciación, porque así como en lo político, los compartimentos estatales más no culturales, hacen que  poco o nada sepamos de los escritores latinoamericanos. Poco sabemos de los propios, y de los propios y los mismos, lo vemos repetidamente en los cenáculos, revistas, festivales, congresos, donde los amigos nunca fallan, con una cuota de innovación y snobismo, que siempre aportan las nuevas camadas, hasta descubrir el mundo mezquino, no de la literatura, sino de los “literatos”. Por eso parafraseando al Negro, no diré malas palabras, solo las insinuaré, como lo escuché en el Teatro El Círculo de Rosario, frente a Don De La Concha: Que lo parió. 
 ¿Cuáles poetas argentinos te parece que deberían estar y no están?
Las capillas siempre existen, los feligreses mudan permanentemente de santitos, y algunos agnósticos tienen su propio altar a escondidas del mundo. Por eso en mi grutita, prendo velas y con su lumbre leo a La Orozco, a Gelman, a La Bignozzi, a Alonso, muchas veces a  Roberto Juarroz. 
 ¿Alguien te llevó o fuiste solo a esa palabra oscura?
Solo sé que estoy en ese lugar oscuro, que no le tengo miedo al cuco, que no le llamo misterio, y que no me fascina la muerte, y no siempre transfiero en otros mis propios miedos, el complejo de Edipo lo comparto y mitigo, con mi hermano mellizo, y de ser hijo de la poesía, es porque llegué solito y ahí me quedo. 
 ¿Fuera de la poesía que campo del arte te interesa?
Ninguno, ya con la poesía tengo bastante, poco talento y todo el esfuerzo. Hablando de campo, tengo una mesa de enlace que no me hostiga, sino que me permite disfrutar del cine, de la pintura y sobre todo de la música, interactuando en mi persona, permitiéndome otras miradas, otros sentires. 
 ¿La poesía es una tarea del espíritu o una emanación de la historia? ¿hay espíritu, hay historia?
Sospecho del espíritu, me lleva a esas imágenes religiosas colgadas en los dormitorios de mi infancia campesina: palomas, estigmas, ojos en un plato, perros custodiando heridas, y aún peor, clavos en manos y pies. El poema es ligero, independiente, autónomo, a-religioso, siempre se deja interpretar y si bien lo atraviesa el tiempo, su tiempo no hace historia, solo lo roza como un “vientito picarón” al decir de Vilma Novick, y es un vilano, un plumerito, una mariposa que vienen a modificar el mundo. 
¿Cuál es la mayor dificultad en la relación existencia-poesía?
Que la vida parece un verso, que nos viven haciendo el verso y así y todo necesito expresarme como poeta, y difícil como es desentrañar la metáfora de la existencia, el poema es un intento de lo sublime, de lo in-extenso, de lo inefable.
Cogito…luego escribo.

 Publicó:
Asumir Estatura -1980- Implosión -1995- De transparencias u rupturas. 1er Premio Círculo de poetas y escritores Iberoamercianos de N. York - 2003- todos de poesía y 2011 Crónicas de un Cronopio ) misceláneas periodísticas publicadas periodicamente en Semanario Tribuna.


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